Por Pablo Alarcón A.
A través de la ventanilla, el paisaje se movía cada vez más. Las vibraciones eran intensas, hasta que el avión despegó. Afuera las casas y edificios se veían cada vez más pequeños, pues Paulina viajaba hacia lo alto. Estados Unidos era su destino, el país al que todos aspiraban, cuyas riquezas y ciudades cosmopolitas casi no tienen parangón. Raudamente, la aeronave subió por encima de las nubes, eso la hizo pensar en todo lo que la motivaba, en lo que gatilló su interés por la economía, rememorando aquellos momentos de su infancia que determinaron su camino:
—Mamá, ¿Me compras un granizado?
—Está bien, hija. Toma el dinero —le extiende la moneda—, ve con cuidado.
El mercado estaba repleto. La pequeña Paulina no se amedrentó y fue hasta las góndolas donde se encontraban los raspados. Los colores en el interior de los vasos plásticos manifestaban los sabores que le aguardaban. No temía nada, la niña había ido muchas veces a comprar uno de esos; ya sabía cuánto debía pagar.
—Aquí falta dinero —replicó la vendedora—. No te alcanza, necesitas más monedas.
La muchacha no entendió, ¿Cómo era posible que los precios cambiaran? Le invadió una sensación de inseguridad y confusión. “Subieron, todo sube”, escuchó a su madre, aunque sí pudo saborear esos anaranjados trozos de hielo. Sin embargo, la intriga de comprender el fenómeno inflacionario continuaba. El suceso le interesaba, y trabajaría arduamente hasta entenderlo.
Paulina Yazigi es economista, graduada de la Pontificia Universidad Católica de Chile, con un Magíster en Matemáticas Financieras por la Universidad de Nueva York. Con una amplia trayectoria profesional en mercados financieros e inversiones, se convirtió en la principal apuesta para presidir la Asociación de AFP tras la salida de Alejandra Cox, cuya voz fue apagándose después de declaraciones por decir desafortunadas. En cambio, la joven ingeniera comercial participa activamente en las redes sociales, empezando con la publicación de sus columnas de opinión, además de concurrir a podcasts y entrevistas, posicionándose como un personaje sobresaliente en la discusión previsional, objetando incluso con la ministra del Trabajo, Jeannette Jara.
“Bienvenidos a los Estados Unidos”, rezaba el letrero en el aeropuerto. Las personas se mostraban resueltas, aun con toda la incertidumbre a su alrededor. En medio de las luces, los números y las decisiones que no dejaban de cambiar, Nueva York presumía de ser un cúmulo cosmopolita en el mundo. La convivencia en igualdad de diversas razas, colores políticos, religiones, era deslumbrante y, realmente, muy emotiva. No se vivía ese ambiente alterado y casi provocador de América Latina, donde el tema del género, las desigualdades y brechas estaban latentes y prontas a estallar. Los norteamericanos tenían una mentalidad muy abierta, tolerante y respetuosa.
Después de un periodo saturado de trabajo en el gigante americano, Paulina regresó a Chile, justo a tiempo para el nacimiento de su hija. Tras pasar por muchos empleos, con una notoria inclinación por el sector privado, aunque también ejerció cargos en comisiones del Ministerio de Hacienda —y en su soñado Banco Central—, se convirtió, en marzo de 2023, en la nueva presidenta de la Asociación de Administradoras de Fondos de Pensiones.
Su oficina está en el piso 14 del edificio que se ubica sobre el Mall VIVO Panorámico, en el centro mismo de Providencia. Se respira la atmósfera propia de una empresa, los escritorios, documentos, carpetas y bocinas de teléfono reinan detrás de esa enorme puerta que es la entrada principal y que solo pueden abrir los internos registrados con su huella dactilar y clave.
—¿Cuál ha sido el viaje más significativo que has realizado?
—Me gusta viajar. De pequeña, mis padres, con mucho esfuerzo, nos llevaban —junto a mis hermanas— a conocer muchos lugares. Era importante para ellos que conociéramos tanto nuestro país como el extranjero —recuerda con cierto atisbo de nostalgia—, y todos eran sitios maravillosos. Ahora, ya de grande, también he viajado a zonas que significan mucho para mí. En el último tiempo, fui a Australia y tuve la posibilidad de llevar a mis hijos, para que conocieran también cómo se vive allá, la armonía, el estilo de vida tan civilizado, con un balance adecuado entre lo personal y el trabajo, viviendo a la orilla del mar, haciendo mucho deporte, es realmente una sociedad admirable.
—¿Cómo ha influido ese apoyo de tu familia, dada la importancia con que consideran el pasar tiempo juntos?
—Ha influido mucho, mis hijos me enseñan, y yo a ellos, también comprendiendo sus etapas, donde las pláticas se complejizan más, de acuerdo con su nivel de entendimiento, pero aprendo de su simpleza, su honestidad, el cariño, las risas, que siempre están presentes. Mi marido es mi gran consejero, hemos formado una gran familia, con mis tres hijos y los cuatro suyos, así que estoy rodeada de niños que tienen muy buena relación entre sí. Creo que el amor todo lo puede, somos felices con eso. Mis padres me inspiran mucho también, a buscar la excelencia, a esforzarse mucho, pero con constante humildad, que es importante de mantener.
Cada mañana, Paulina realiza sus ejercicios de elongación y estiramiento. Le son esenciales para relajarse y liberar estrés, además de representar la dinámica integral que lleva, equilibrando vida personal y laboral. Sin olvidar, algo muy relevante, la meditación. Se esmera en reflexionar sobre sus pensamientos, dichos y acciones para ordenar su mente, y de esa manera ejercita a la vez cuerpo y alma.
—Pienso que mi propia visión de mí es que soy una persona que se esfuerza para dar lo mejor de sí. Trabajo con ahínco para ser buena madre, buena esposa, buena hija, buena amiga. Desde el comienzo de mi carrera me interesaba por el crecimiento, las exportaciones y, por supuesto, la pobreza —hace una breve pausa antes de continuar—. Luego, entré en el tema de los mercados financieros, donde el empleo abundaba más que en el área comercial.
El crecimiento. Esa palabra puede extrapolarse a todos los ámbitos de la vida, pero no existe para compensar las deficiencias morales, sino que el mismo proyecta la autorrealización. Paulina quiere que todo en su vida crezca, que se desarrolle hasta su plenitud.
—Tenía presente que, eventualmente, llegaría la maternidad, pero no era algo que deseara particularmente. Mi idea era tener dos hijos, un niño y una niña, no obstante, ahora tengo tres. Quizá fue como sucedió con mis padres, que tuvieron tres hijas.
Los vehículos corrían a alta velocidad. La ruta era serpenteante, las curvas aparecían de pronto y algunos terminaban fuera del camino. Los conductores estaban enloquecidos o, tal vez, temerosos, pero no parecía importarles causar un accidente. Paulina intentaba conducir con calma, observando en todas direcciones, manejando así sus impulsos y reflejos. Los niños gritaban, estaban sobresaltados con la vorágine en la vía. Los carros se adelantaban en el camino, los ruidosos motores impedían oír algo más, los neumáticos rechinaban sobre el pavimento, cualquier maniobra descuidada podía terminar en tragedia.
La colisión fue tan repentina que Paulina solo sintió el doloroso impacto del metal contra su pecho. Solo se quedó en el vehículo, encogiéndose sobre sus lesiones. Estaba afligida, personal de seguridad se acercó para ayudarla mientras llamaban a emergencias. Pronto fue llevada al centro asistencial más cercano, donde le diagnosticaron tres costillas fracturadas.
—¿Todo eso solo jugando karting?
—Así es. Pero ya todo está bien, me estoy recuperando.
Aun con su estilo de vida tan estructurado y organizado, los imprevistos existen para Paulina. Detrás de todos esos esquemas que ordenan su vida, hay un ser humano, una mujer, una madre, una esposa, una hija, con necesidades, deseos y anhelos.
Archivo visual 2024
Una presencia pública
Tres momentos de su trabajo al frente de la Asociación. Arrastra las imágenes o recórrelas con los controles.
Un panel sobre los desafíos de las pensiones
Crédito: Asociación de AFP de Chile01 / 03
—Posees una gran trayectoria en el mundo privado, ¿Nunca has querido trabajar en un cargo público?
—Mi trabajo en el mundo privado lo combino, de algún modo, con lo público, colaborando en fundaciones, por ejemplo. También participé en el Comité de Fondos Soberanos del Ministerio de Hacienda. A su vez, en la Comisión Tributaria con el exministro Ignacio Briones. Así, procuro caminar con un pie en lo privado y el otro en lo público.
—Cuando existe un debate tan cargado de emociones como el de la reforma de pensiones, ¿Cómo discutes las iniciativas y hacia dónde las diriges?
—Lo primero es que, desde la Asociación de AFP, hablamos con argumentos técnicos porque realmente queremos mejorar las condiciones de vida y las pensiones. Sin embargo, es muy importante empatizar con las personas, con sus sentimientos y emociones, lo que les causa tristeza, preocupación o ansiedad y desde ahí buscar soluciones que en verdad sean de ayuda. Claramente, de acuerdo con la evidencia, hay caminos que debemos seguir y otros que no. Tanto en la Comisión Marcel como en la posterior Comisión Bravo, se elaboraron diagnósticos de la situación. Se han hecho reformas relevantes, pero falta reforzar el pilar contributivo, pensar en subir la tasa de cotización, crear mecanismos para evitar las lagunas previsionales, para reducir la informalidad, etc., hay que sacar la voz desde lo técnico.
Islandia se levanta hoy como el paraíso en sistema de pensiones. La dinámica involucra un aporte estatal garantizado más una contribución del trabajador, existiendo la posibilidad de incorporar un ahorro adicional voluntario por parte del beneficiado. El sistema mejor evaluado del mundo también posee capitalización individual, parece ser ineludible. El mercado laboral es fuerte, las lagunas previsionales son reducidas gracias a seguros complementarios que aportan durante la cesantía. La informalidad es inferior al 10%, las brechas de salario entre hombres y mujeres son las más estrechas, así como las desventajas de género que pueden enfrentar al comenzar la vida laboral.
—¿Allá también tienen tasas de cotización más altas?
—Claro, eso también. Ahora están debatiendo acerca de la edad de jubilación, en Chile ni siquiera nos hemos atrevido a tocar el tema. Aún hay desafíos por delante, si bien el régimen de inversiones ha sido favorable, con la elevada rentabilidad. Establecer los parámetros indicados y un mercado laboral mucho más robusto, es parte de lo que queda por hacer. La Pensión Garantizada Universal ha sido un avance, ahora hay un aporte más balanceado para mejorar los niveles de pensión y las tasas de reemplazo. Tenemos restricciones, sí, no somos un país rico, la contribución del Estado no puede ser muy alta, al menos, no todavía. Por eso es primordial que las personas tengan todos los alicientes, todas las herramientas para permanecer en un buen trabajo, formal, que les permita ahorrar para su pensión.
—Ahora que entró en vigor la Ley Karin, ¿Cómo evalúas su rol en el mercado laboral?
—La Ley Karin posee elementos que ya se encontraban en la legislación, pero que eran desconocidos. Otras cosas se han reforzado, cosas fundamentales. Es un asunto complejo, pero son los resguardos que se deben tener en las empresas, un cambio que debe ser cultural también.
—¿Viviste alguna situación problemática en el trabajo?
—Bueno, hace más de 20 años que comencé mi vida laboral. En aquella época había una ostensible discriminación hacia las mujeres, tanto en las relaciones de trabajo como en cuanto a las remuneraciones. No obstante, creo que esto es transversal, se debe prevenir todo tipo de discriminación a todas las personas bajo cualquier circunstancia.
—¿Hacia dónde crees que se dirige tu trayectoria ahora? ¿Planeas migrar, en algún momento, hacia otro ámbito laboral?
—En mi carrera, yo solo vivo el día a día. Espero que el porvenir me tenga empleos donde pueda ser un aporte, un espacio donde me sienta feliz con un grato ambiente laboral.